viernes, 15 de febrero de 2013

Los alemanes majos no son un mito

Iba hoy tan tranquila en el metro con Rulillas cuando de pronto nos han pedido los billetes de viaje. Me he alegrado. Mucho. Por fin aparecía un revisor que hacía que hubiera merecido la pena los 28 euros que me dejé en el billete semanal. Se lo doy, toda orgullosa, y me dice que no me sirve. Obviamente, me quedo ojiplática y mi cerebro no termina de entender lo que está pasando. ¡¡Pero si llevo billete!!

Pero como SOY GILIPOLLAS, no había caído en que una semana no va de jueves a jueves, sino de jueves a miércoles, como el buen señor se ha encargado de repetirme unas cuantas veces ante mi cara de asombro. Total, que como el buen hombre tenía más razón que un santo, nos hemos bajado con él en la siguiente parada para que me pusiera la multa. ¡Cómo me dolían los 40 euros en lo más profundo de mi ser! ¡Qué ganas de ponerme a dar cabezazos contra la pared!

Pero debe de ser que me he topado con el único alemán majo que trabaja en la BVG. Le he debido de dar pena, MUUUUCHA pena, porque ha decidido que en vez de una multa normal, le iba a poner a Rulillas una "multilla" como si se hubiera olvidado el abono en casa. Me ha hecho darle a ella 7 euros, ir a comprar un billete nuevo y se ha ido a seguir con su patrulleo.


En ese momento he muerto de amor.

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