Mi visita a Viena no se puede considerar otra cosa que relámpago. Vale que hicimos allí una noche, pero me da la impresión de haber pasado allí tres días y a la vez ninguno. Es una sensación muy difícil de describir. Escribiré a continuación, como siempre, señora style, mis 10 impresiones aleatorias de la ciudad. Allá voy:
1. Francisco José era un exagerado. Caminar por Viena y no encontrarte con algo dedicado a él es muy complicado. Así es muy difícil jugar a las adivinanzas. El que elija "Francisco José" gana. Fin del juego.
2. La ciudad es preciosa. O por lo menos el centro. Todo está muy limpio, tanto las calles como los edificios. Es todo muy monumental, a veces incluso algo exagerado (parece que no les bastaba tener un palacio, ¡tuvieron que construir tres!). Pero, aún así, me ha parecido muy, muy bonita. Sorprendentemente. A pesar de mi odio absoluto a priori.
3. El Danubio no pasa por el centro de la ciudad. Me refiero al centro, centro. Yo me pensaba que sería algo más al estilo de Budapest (o cualquier otra capital europea que se precie, con su río atravesando el centro de la ciudad). Y más siendo el Danubio. Pues no. No está en las afueras, pero no está tan céntrico como pensaba. Pero es de color azul. Y eso me ha hecho terriblemente feliz.
Mentalmente, cómo no, estaba tarareando El Danubio Azul. Pensaba que no iba a poder tacharlo de mi lista, ¡pero sí! |
4. No es tan carísimo todo como dicen. Sí que es verdad que los precios para pasar a los sitios son un poco prohibitivos, por lo menos para el bolsillo de un estudiante. Pero en cualquier otro sitio también. En eso, Berlín no es mucho más barato. ¡Incluso puedes pasar a la Ópera por unos pocos euros! (La letra pequeña dice que de pie, en el gallinero, pero ¡algo es algo!) Si sabes mirar un poco, las cosas no te cuestan mucho más que en Madrid. Incluso hay cosas que te salen más baratas.
5. Hay WiFi por todas partes. Bueno, a lo mejor hay parques en los que no, pero he alucinado con la cantidad de lugares con conexión gratis que hay allí. No ya bares, que parece que por esta zona central de Europa es algo que se lleva bastante, sino en la calle. La verdad, está bastante bien para que los pobres turistas cansados después de llevar horas y horas caminando puedan mandar fotos de flores a sus madres (no lo digo por experiencia propia....) Sin duda, lo que más gracia me ha hecho de todo ha sido tener WiFi en el tren, pero sólo en Austria. Los húngaros no son tan espléndidos.
![]() |
Foto con las flores. Si en el fondo soy una hija maja y todo... |
6. A pesar de tener un aire muy propio, se ha quedado con lo bueno de Alemania (algo que para mí es una ventaja dada mi germanofilia). Como el dm y Reclam (que, por cierto, tienen esta semana dentro de la facultad de letras de la universidad de Viena trillones y trillones de libros de Reclam por la mitad de precio. Menos mal que llevo sólo la maleta de mano y tenía demasiados pocos euros, que si no me habría llevado doscientos libros. Por lo menos). Y el alemán. Aunque tengan, para mí, acento raro.
7. San Esteban por el día es muy bonita, con vidrieras de colorines (que me temo que más bien son tiras de celofán de colorines delante de las vidrieras, pero aún así me parece muy bonito y alegre). Por la noche da mucho miedo. Muchísimo. Algo exagerado.
8. "No hay tornos para pasar al metro". Lo pongo entre comillas porque no, no hay tornos, pero tienes a la vista, muy a la vista, la máquina donde tienes que validar el billete. Todo español tiende a no pagar, porque parece que los revisores no es que destaquen por la frecuencia de paso. Pero mi "multa" por llevar el billete caducado en Berlín hizo que no se me pasara por la cabeza arriesgarme. En Viena la multa por viajar sin billete es de 100 euros. Y no estoy tan montada en el euro como para que no me importe arriesgarme.
9. Por lo que he podido ver (todo sea que me equivoque), es bastante más barato el billete de ida y vuelta si vas desde Budapest a Viena que viceversa. Que lo lógico sería que costara lo mismo, pero no. Así que si estáis pensando en visitar las dos ciudades de una, viajad primero a Budapest (que además tiene vuelos baratos) y de allí ya a Viena.
![]() |
No sólo son baratos los billetes, sino que tienes la ida y la vuelta abierta en un marco de cuatro días. ¡Todo son ventajas! |
10. No cobran petrodólares por comerte una tarta Sacher en el café Sacher. No es barato tampoco, pero me imaginaba que te pedirían tres riñones por ella. Definitivamente, cuando sea rica y vuelva a Viena, merendaré allí una tarde. Y me volveré en taxi al hotel. O en calesa. O haciendo la croqueta, que seguro que es más divertido.


