miércoles, 27 de febrero de 2013

martes, 26 de febrero de 2013

Como beber vino de cartón en cristal de Bohemia

Me enfada mucho la gente cool que viaja con compañías baratas. Mucho. Me enfadan incluso más que el que me despierten de la siesta haciéndome cosquillas (no os lo recomiendo si queréis seguir con vida).

Me explico. Para volar con una compañía de estas baratas (pongo como ejemplo Easyjet y Ryanair porque son las últimas con las que he volado) hace falta tener algo de cutre. O ser estudiante. O las dos cosas. El caso, desde el segundo en el que empiezas con el proceso de la compra del billete, sabes perfectamente que te van a cobrar por todo. TODO. Y no a precio amigo, precisamente. Durante todo el proceso tienes la opción de contratar servicios por un "módico" precio. Es decir, maleta para facturar, seguro de viaje, elección de asiento... A este paso, en cuanto nos descuidemos, nos empiezan a cobrar un plus si queremos utilizar la luz de lectura. Dadles tiempo... 

Sin embargo, el principal problema con estas compañías suele ser LA MALETA DE MANO. Así, con letras grandotas. Durante el proceso de compra (si no recuerdo mal) te avisan de que sólo vas a poder llevar una sola maleta de mano, UNA. Nada de llevar bolsos o bolsas aparte. Por si no te has enterado, también te lo imprimen en el billete. Y, por si eso no ha sido suficiente, te vuelven a avisar generalmente en los aeropuertos antes de pasar en dirección a las puertas de embarque. En Schönefeld, por ejemplo, uno de los aeropuertos de Berlín, tienen un cartelito en español indicando que sólo puedes pasar con una maleta de mano. Puede parecer un poco coñazo, ¿verdad? Pues hay gente que aún así no se entera y pierde el juicio cuando les indican que no pueden embarcar con la maleta y con el bolso. OBVIO. ¡Para algo te lo han repetido hasta la saciedad! Lo que sí que no logro entender es a la gente que intenta pasar con la maleta y con una mochila. Esos seguro que no vieron Barrio Sésamo de pequeños. Si no, no me lo explico. Es mucho más cómodo eso de llevar la cartera, el móvil y demás cosas útiles en un bolso o mochila, yo soy la primera que lo hago, pero en el momento de la verdad, lo guardo en la maleta y todos tan felices. 

Este tema saca lo peor del género humano. Lo ilustro con mi viaje de vuelta desde Budapest:


A pesar de que llegué bastante pronto al aeropuerto, entre pitos y flautas (léase compras de última hora y camareros húngaros desesperadamente lentos) llegué de las últimas a la puerta de embarque (bueno, más que puerta de embarque, tienda de campaña en mitad de la pista, es de risa), así que al final no quedaba sitio para meter mi maleta. La azafata, encantadora, vio que encima de mí había dos mochilas que cabían perfectamente debajo de los asientos y les preguntó a los dueños que si podían meterlas ahí. Al hombre le daba lo mismo, pero la mujer perdió el juicio por completo. Empezó a pegar voces diciendo que ella había tenido que facturar la maleta, según ella bastante más pequeña que la mía (que, por cierto, cumple todas las medidas y siempre cabe sin ningún problema dentro de las famosas cajitas), que ella había llegado antes (cosa que era verdad) y que ya que había tenido que pagar por facturar su maleta, que no iba a consentir que su mochila fuera en el suelo. Vamos a ver. Entiendo que te joda pagar unos cuantos euros (no precisamente pocos) a la vuelta de tu viaje. Pero si llevas una maleta y una mochila y la mochila no te cabe en la maleta, es a lo que te arriesgas. Y lo de poner las mochilas debajo del asiento anterior es algo que te piden en muchas aerolíneas, no sólo en las low cost. Total, volviendo a la historia, como el jefe de cabina tampoco pudo hacer entrar en razón a esta buena mujer, me tocó facturar la maleta. Al final, mereció la pena sólo por el cabreo que se pilló la mujer porque a mí me habían facturado mi maleta gratis.

Otra causa de apuñalamientos en los vuelos es la elección de asientos. Easyjet ya no funciona así, pero con Ryanair puedes escoger el asiento que quieras según el orden de entrada al avión. Pasas al avión y te sientas. Fin de la historia. Ahora bien, hay que ser un poco inteligentes cuando se viaja en grupo. Si vais seis personas juntas, lo más normal es que os intentéis colocar de los primeros en la fila para poder sentaros juntos. Y si vas con niños pequeños, más de lo mismo. No llegues la última. Porque es lógico que si pretendes mover a un pasajero que ha embarcado pronto y ha conseguido sentarse en un buen asiento, a otro en pasillo y lejos de su maleta, se cabree. También estás avisado cuando compras el billete. Y si no has querido hacer caso, es problema tuyo.


En general, hay mucha tontería con estas compañías low cost. Sí, son muy baratas, pero recibes un servicio acorde a lo que pagas. Una sola maleta, aviones estrechos sin sitio casi para respirar, comida a precio de órganos vitales y auxiliares de vuelo que puede que no hablen tu idioma. ¿Es demasiado cutre para vosotros? ¿Queréis otra cosa? Pues entonces, caros míos, ahorrad un poquito, dejaos los euros con otra compañía y dejadnos al resto de pasajeros pasar un vuelo tranquilo. ¿O acaso os quejáis si no os ponen solomillo en el McDonalds?

sábado, 16 de febrero de 2013

Vuelta al cole

-¿Por qué no viniste ayer a clase?
-Porque estaba volviendo de Berlín.
-¿Eres berlinesa?
-No, no... Aunque bueno, a este paso, ya casi soy berlinesa de adopción.
-¿Tienes novio allí?
-No, no... La ciudad... Y el idioma...

Me mira con cara de "estás loca". Y realmente, no puedo culparle ni un poquito.

viernes, 15 de febrero de 2013

Los alemanes majos no son un mito

Iba hoy tan tranquila en el metro con Rulillas cuando de pronto nos han pedido los billetes de viaje. Me he alegrado. Mucho. Por fin aparecía un revisor que hacía que hubiera merecido la pena los 28 euros que me dejé en el billete semanal. Se lo doy, toda orgullosa, y me dice que no me sirve. Obviamente, me quedo ojiplática y mi cerebro no termina de entender lo que está pasando. ¡¡Pero si llevo billete!!

Pero como SOY GILIPOLLAS, no había caído en que una semana no va de jueves a jueves, sino de jueves a miércoles, como el buen señor se ha encargado de repetirme unas cuantas veces ante mi cara de asombro. Total, que como el buen hombre tenía más razón que un santo, nos hemos bajado con él en la siguiente parada para que me pusiera la multa. ¡Cómo me dolían los 40 euros en lo más profundo de mi ser! ¡Qué ganas de ponerme a dar cabezazos contra la pared!

Pero debe de ser que me he topado con el único alemán majo que trabaja en la BVG. Le he debido de dar pena, MUUUUCHA pena, porque ha decidido que en vez de una multa normal, le iba a poner a Rulillas una "multilla" como si se hubiera olvidado el abono en casa. Me ha hecho darle a ella 7 euros, ir a comprar un billete nuevo y se ha ido a seguir con su patrulleo.


En ese momento he muerto de amor.

lunes, 11 de febrero de 2013

10 cosas aleatorias sobre Berlín


  1. Odio Schönefeld con todas mis fuerzas. Pero con todas. Hacía ya ¿tres? años que no volaba con Easyjet y, por tanto, no tenía que volar a ese aeropuerto infernal. Me explico, las tres primeras veces que vine aquí volé con Easyjet. Lo que es igual a Schönefeld. No sé por qué extraño motivo, le cogí bastante cariño, y lo defendía a muerte ante los amantes de Tegel. ¡Qué equivocada estaba! Una vez que vuelas al amoroso y minúsculo aeropuerto de Tegel, te acostumbras mal. Aterriza el avión y en dos segundos estás ya bajando del avión. Dos segundos más y ya has salido a la calle. Y de allí, bus directo a Alexanderplatz. Fin de la historia. Pero en Schönefeld, amigos... ¡Es otra cosa! Tardas tres millones de horas en llegar a la puerta desde que aterrizas y luego, una vez en tierra ya, te toca subir y bajar escaleras, como si no hubiera mañana, hasta que consigues salir del laberinto. Una vez fuera te encuentras en el medio de la nada, y llegar a alguna parte decente de Berlín te lleva más tiempo del que debería ser necesario. Mucho odio. En teoría, deberían haber abierto hace medio año el super-aeropuerto-internacional-de-chachilandia-miraquélargalatenemos de Berlin Brandenburg. Para que luego se metan con las obras públicas españolas. ¿Efectividad alemana? Ya...
  2. Es baratíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo comer. Afortunadamente, ya voy teniendo mi lista de "restaurantes" donde se puede comer muy rico y por muy pocos euros. Por ahora, ninguno alemán. Dadme tiempo... (como si no hubiera tenido tiempo todavía, pero bueno...)
  3. Realmente este punto es un poco trampa, porque no es exclusivo de Berlín. RECLAM ES AMOR. Tienes todos los libros de la literatura alemana, versiones bilingües de un montón de obras, manuales de casi cualquier cosa sesuda imaginable (hoy me he topado con una "Altnordische Literatur" que me ha dejado loquísima) y obras un poco aleatorias (de las que no doy más explicaciones porque, verdaderamente son aleatorias. Por ejemplo, hoy he visto un libro titulado "Poesías rojas" que tenía una recopilación de poemas relacionados con cosas que evocan el color rojo y, cómo no, impreso en tinta roja). Todo esto por unos pocos duros. Lo que daría por que hubiera algo así en España.
  4. Las bibliotecas universitarias alemanas me gustan más que las nuestras. Llegas, dejas todo tu aparataje en una taquilla, pasas, te sientas y estudias. O lees. O escribes. O lo que quieras. Y si quieres un libro del depósito, te levantas y lo coges, que por algo TODOS los libros los tienen de acceso libre. Y cuando te cansas, recoges las cosas de la taquilla y te vas. Einfach so.
  5. Los alemanes no tienen ningún tipo de ritmo. Es muuuuuuuy divertido ver a los alemanes bailar. Sobre todo a aquellos que se creen que acaban de salir de Fama. Lo malo es que cuando llevo un tiempo aquí pierdo el ritmo yo también y acabo bailando agitando los brazos y moviendo el cuerpo con un ritmo extraño. Y acabo siendo yo el bicho raro.
  6. Los alemanes tienen un problema con las cortinas. Puedes tener suerte y encontrarte cortinas en las ventanas, pero no suele pasar muy a menudo. Lo mismo ocurre con las cortinas de los baños. Parece una cosa lógica tener una cortina en la ducha para que no se salga el agua, ¿no? PUES NO. No ocurre siempre, pero puedes verte adoptando posturas extrañas al ducharte para evitar que se cale el suelo del baño. Y no quiero hablar ya de las persianas.  Creo que es más fácil darle un besito a un unicornio, recibir una carta para ingresar en Hogwarts o encontrar la entrada a Narnia. 
  7. Los berlineses son muy horteras. Demasiado. Bueno, no sé si sólo los berlineses, pero es que hay veces que dan ganas de arrancarse los ojos. Y lo peor es que pasa como con la música electrónica, que te acabas acostumbrando. Y peor aún, acabas siendo tan hortera como ellos. Deja de importarte si los pantalones pegan con la chaqueta o con la camiseta. Te empiezan a llamar a gritos los colores fosforitos. Y acabas con el pelo de colorines. Un horror. Pero pasa. He llegado a salir a la calle con unos pantalones de pijama de cuadros morados, azules y rosas, una camiseta negra con otra roja debajo, las botas negras por encima y una chaqueta de cuero. Es lo que tiene bajar a hacer la colada a una lavandería Y NADIE ME HA MIRADO RARO.
  8. Los alemanes son inmunes al invierno.Pensaba que con la nieve dejarían las terrazas, las bicis, los mercadillos y los puestos de comida. Incluso que los vendedores ambulantes de perritos tendrían otro trabajo para el invierno. Pero no. Ahí siguen todos. Cosa que también es lógica. Pero eso no significa que me llame menos la atención.
  9. Tienen un problema con las cosas de sabores. Que a mí me parece estupendo, porque yo también lo tengo. Tienen trescientos tipos de panes con cosas (pipas, pistachos, tomate, aceitunas...), aguas de todos los sabores, refrescos también de todo tipo, cervezas para todos los gustos... Como ya he dicho, a mí me parece estupendo. Sobre todo por mi afición a los arándanos y a las grosellas. Sí, tienen agua, caramelos, chicles y cerveza con sabor a eso. Y cerveza de trigo con zumo de plátano. Además, me puedo pedir tranquilamente una cerveza con Coca-Cola sin que me miren raro :)
  10. Hay 10 millones de españoles. Una locura. Vayas donde vayas es IMPOSIBLE no toparte con alguien que hable español. Pero imposible de verdad. Creo que es una venganza nuestra por haber conquistado Mallorca. También hay muchíiiiiisimos alemanes que han aprendido español en su año sabático y que se enteran de todo. Así que hay que tener mucho cuidado con lo que se va diciendo por ahí ;)  

sábado, 9 de febrero de 2013

Ick bin fast 'ne Berlinerin

Sexta vez en Berlin.

23 semanas ya recorriendo tus calles.

Casi seis meses de mi vida en total.

Recuerdo la primera vez que vine, con mis tiernos 17 añitos. Me pensaba la reina del mundo. ¡Ay, si mi yo del pasado hubiera sabido! Me acuerdo de aquellas palabras casi premonitorias en Hauptbahnhof con una cervezuela de más. Si me lo hubieran contado, me habría reído.

Tengo un montón de recuerdos que hacen que cada vez que pienso en Berlín me aparezca una sonrisilla entre los labios. Mundial 2006. A lo mejor uno de mis mayores amores platónicos (pero platónico de verdad, de esos que se despiden sin un beso, con una pulsera para que jamás les olvides y una promesa de volverte a ver en un país aleatorio en un tiempo determinado que sabes que jamás se va a cumplir). "The Love Is Back". O eso dice mi camiseta, porque del Loveparade no me acuerdo. Aprender cuál es la diferencia entre la bandera australiana y la neozelandesa. Millones de fotos con desconocidos. Y cuando digo millones, son millones. Descubir, de mala manera, que la cerveza, a pesar de llevar alcohol, explota si la dejas mucho tiempo en el congelador. Caerle en gracia a  un camarero en el Hard Rock Café y que te abra la tienda a ti y a tu amiga para poder comprar (y que cuando la gente intente pasar mientras estás chusmeteando, les diga que la tienda está cerrada). Aprender entre besos la letra de la canción "Sweet Home Alabama". Conversaciones interminables en el balcón. Sentir la libertad que creías perdida después de una relación totalmente destructiva. Que un nepalí sepa darle la vuelta a la tortilla mucho mejor que tú. Cruzar un lago a nado. Montar en bici con un autobús de dos pisos justo detrás de ti y sentirte completamente segura. Bares abiertos las 24 horas del día, 365 días del año. Comida india. Dar de comer a un pato de la mano. Ir a buscar a tu mejor amigo al aeropuerto con un pack de bienvenida mientras supuestamente estás en clase. Llorar desconsoladamente en mitad de la calle y que un desconocido se te acerque a intentar darte consuelo. Perder el juicio entre dos furgonetas. Caminar toda la tarde por la ciudad intentando descubrirle sentido a la vida. Hospitalidad turca. Descubrir que las canchas de baloncesto son un lugar acogedor. Voley playa. Tardes y tardes en el canal. Dejarte la mitad de la vida aquí. Esperar con nervios a que llegues. Pasar hasta la cocina en un hotel de cinco estrellas (literal). Decidirse entre seguir cerveceando o recogerte pronto porque si no, los rayos de sol en plena cara no son buena ayuda para intentar dormir. Pasar las tardes comiendo kilos  y kilos de pipas en el karaoke. Mustafá. Descubrir cómo hay partes de la Historia que no nos llegan a España. Horas y horas en la biblioteca. Usar un zapato como papelera. Una rosa roja. Tener que comprar una maleta porque no hay manera de que quepan tooodos los libros para volver a casa. Conciertos al aire libre con la orquesta sinfónica de Babelsberg. Sentirme por un rato como una princesa. Cervezas de sabores. Catarsis nocturnas de camino a casa. Nieve. Berlinale.

Dicen que eres una ciudad hostil, mein Berlinchen. Puede ser. Pero yo me siento como en casa.