- Odio Schönefeld con todas mis fuerzas. Pero con todas. Hacía ya ¿tres? años que no volaba con Easyjet y, por tanto, no tenía que volar a ese aeropuerto infernal. Me explico, las tres primeras veces que vine aquí volé con Easyjet. Lo que es igual a Schönefeld. No sé por qué extraño motivo, le cogí bastante cariño, y lo defendía a muerte ante los amantes de Tegel. ¡Qué equivocada estaba! Una vez que vuelas al amoroso y minúsculo aeropuerto de Tegel, te acostumbras mal. Aterriza el avión y en dos segundos estás ya bajando del avión. Dos segundos más y ya has salido a la calle. Y de allí, bus directo a Alexanderplatz. Fin de la historia. Pero en Schönefeld, amigos... ¡Es otra cosa! Tardas tres millones de horas en llegar a la puerta desde que aterrizas y luego, una vez en tierra ya, te toca subir y bajar escaleras, como si no hubiera mañana, hasta que consigues salir del laberinto. Una vez fuera te encuentras en el medio de la nada, y llegar a alguna parte decente de Berlín te lleva más tiempo del que debería ser necesario. Mucho odio. En teoría, deberían haber abierto hace medio año el super-aeropuerto-internacional-de-chachilandia-miraquélargalatenemos de Berlin Brandenburg. Para que luego se metan con las obras públicas españolas. ¿Efectividad alemana? Ya...
- Es baratíiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo comer. Afortunadamente, ya voy teniendo mi lista de "restaurantes" donde se puede comer muy rico y por muy pocos euros. Por ahora, ninguno alemán. Dadme tiempo... (como si no hubiera tenido tiempo todavía, pero bueno...)
- Realmente este punto es un poco trampa, porque no es exclusivo de Berlín. RECLAM ES AMOR. Tienes todos los libros de la literatura alemana, versiones bilingües de un montón de obras, manuales de casi cualquier cosa sesuda imaginable (hoy me he topado con una "Altnordische Literatur" que me ha dejado loquísima) y obras un poco aleatorias (de las que no doy más explicaciones porque, verdaderamente son aleatorias. Por ejemplo, hoy he visto un libro titulado "Poesías rojas" que tenía una recopilación de poemas relacionados con cosas que evocan el color rojo y, cómo no, impreso en tinta roja). Todo esto por unos pocos duros. Lo que daría por que hubiera algo así en España.
- Las bibliotecas universitarias alemanas me gustan más que las nuestras. Llegas, dejas todo tu aparataje en una taquilla, pasas, te sientas y estudias. O lees. O escribes. O lo que quieras. Y si quieres un libro del depósito, te levantas y lo coges, que por algo TODOS los libros los tienen de acceso libre. Y cuando te cansas, recoges las cosas de la taquilla y te vas. Einfach so.
- Los alemanes no tienen ningún tipo de ritmo. Es muuuuuuuy divertido ver a los alemanes bailar. Sobre todo a aquellos que se creen que acaban de salir de Fama. Lo malo es que cuando llevo un tiempo aquí pierdo el ritmo yo también y acabo bailando agitando los brazos y moviendo el cuerpo con un ritmo extraño. Y acabo siendo yo el bicho raro.
- Los alemanes tienen un problema con las cortinas. Puedes tener suerte y encontrarte cortinas en las ventanas, pero no suele pasar muy a menudo. Lo mismo ocurre con las cortinas de los baños. Parece una cosa lógica tener una cortina en la ducha para que no se salga el agua, ¿no? PUES NO. No ocurre siempre, pero puedes verte adoptando posturas extrañas al ducharte para evitar que se cale el suelo del baño. Y no quiero hablar ya de las persianas. Creo que es más fácil darle un besito a un unicornio, recibir una carta para ingresar en Hogwarts o encontrar la entrada a Narnia.
- Los berlineses son muy horteras. Demasiado. Bueno, no sé si sólo los berlineses, pero es que hay veces que dan ganas de arrancarse los ojos. Y lo peor es que pasa como con la música electrónica, que te acabas acostumbrando. Y peor aún, acabas siendo tan hortera como ellos. Deja de importarte si los pantalones pegan con la chaqueta o con la camiseta. Te empiezan a llamar a gritos los colores fosforitos. Y acabas con el pelo de colorines. Un horror. Pero pasa. He llegado a salir a la calle con unos pantalones de pijama de cuadros morados, azules y rosas, una camiseta negra con otra roja debajo, las botas negras por encima y una chaqueta de cuero. Es lo que tiene bajar a hacer la colada a una lavandería Y NADIE ME HA MIRADO RARO.
- Los alemanes son inmunes al invierno.Pensaba que con la nieve dejarían las terrazas, las bicis, los mercadillos y los puestos de comida. Incluso que los vendedores ambulantes de perritos tendrían otro trabajo para el invierno. Pero no. Ahí siguen todos. Cosa que también es lógica. Pero eso no significa que me llame menos la atención.
- Tienen un problema con las cosas de sabores. Que a mí me parece estupendo, porque yo también lo tengo. Tienen trescientos tipos de panes con cosas (pipas, pistachos, tomate, aceitunas...), aguas de todos los sabores, refrescos también de todo tipo, cervezas para todos los gustos... Como ya he dicho, a mí me parece estupendo. Sobre todo por mi afición a los arándanos y a las grosellas. Sí, tienen agua, caramelos, chicles y cerveza con sabor a eso. Y cerveza de trigo con zumo de plátano. Además, me puedo pedir tranquilamente una cerveza con Coca-Cola sin que me miren raro :)
- Hay 10 millones de españoles. Una locura. Vayas donde vayas es IMPOSIBLE no toparte con alguien que hable español. Pero imposible de verdad. Creo que es una venganza nuestra por haber conquistado Mallorca. También hay muchíiiiiisimos alemanes que han aprendido español en su año sabático y que se enteran de todo. Así que hay que tener mucho cuidado con lo que se va diciendo por ahí ;)
lunes, 11 de febrero de 2013
10 cosas aleatorias sobre Berlín
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comparto contigo cada una de tus reflexiones, un saludo!
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