Todos los años por estas fechas en la tele se entretienen poniéndonos una y otra vez las distintas procesiones que han salido a recorrer las calles de las ciudades o que se han tenido que suspender por la lluvia. Año tras año, las mismas imágenes. Este año me he dado cuenta de que lo gastronómico es lo más olvidado. Yo llevo toda la vida comiendo las mismas cosas, pero no ha sido hasta este año que me he dado cuenta de que son cosas comunes a lo largo y ancho de Castilla (no me meto en berenjenales del resto de España porque a tanto no llego).
Aquí os dejo las tres cosas principales (porque del potaje ME NIEGO a hablar):
La limonada. Recuerdo a mi abuelo hacer litros y litros de limonada cuando yo era más pequeña, aunque dejó de hacerla más o menos cuando ya tenía edad como para poder beberla en cantidades industriales. La receta es lo que últimamente me tiene fascinada. Mi madre dice que éste (el color de la foto) viene a ser el color de la limonada tradicional. Yo, no sé por qué, la recuerdo muuuuuucho más oscura. Vete tú a saber quién tiene razón. El caso: lleva vino, alguna bebida gaseosa y frutitas. Y generalmente se puede pedir en cualquier bar.
Los buñuelos. Realmente hablo de los buñuelos porque me da la gana. No sé si son típicos de la zona, pero mi abuela los hace en cantidades industriales todos los años, sin excepción. Y como mi amor al punto 3 es discutible, siempre he comido buñuelos todos los años como si los fueran a prohibir.
Las torrijas. Como he dicho antes, mi amor por ellas es bastante discutible. Mi madre se empeña en hacer todos los años, también en cantidades industriales, por lo que entre las torrijas y los buñuelos acabábamos todos casi con indigestión en cada comida. Hay tres millones de maneras prepararlas (aquí nos ayuda el amigo Youtube) y de comerlas. Yo he cogido la sana y buena costumbre de echarle helado también. Por si fuera poco. También es muy típico el poder encontrar torrijas en cualquier bar al que vayas.
Muy probablemente estas sean cosas que también se coman en el resto de España. Pero es algo de mi infancia, que me ha acompañado siempre y que hace que me sienta en casa.
Me tocará al año que viene llevármelas para Alemania.
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