El llevar aquí una cantidad de tiempo "considerable" y el juntarme con alemanes me ha llevado a ir descubriendo poco a poco sutiles diferencias culturales que nos separan. Estaba ya acostumbrada a saludar dando la mano o a descalzarme cada vez que entro en una casa, cosas que cualquier persona que haya estado en Alemania ya sabrá y de las que había oído hablar mil veces. Pero hay ciertas cosas, mucho más pequeñas, que hacen que o mis alemanes o yo nos volvamos locos. Porque cosas que a mí me parecen lo más normal del mundo hace que sus cerebros cortocircuiten. Y viceversa.
Hace ya tiempo que llevo pensando en escribir post cortitos hablando de cada una de estas diferencias. Sobre todo, desde que hablamos del tema en la fiesta de cumpleaños de Marcel y tuvo un éxito tremendo. De hecho, cada vez que me ven me preguntan si tengo alguna diferencia nueva en mi lista de la que podamos hablar. Y, lo que más ilusión me hace, luego se las van contando a sus conocidos.
(Vale, la foto es de otro día. ¡Pero estoy completamente mimetizada! Es lo que tiene vivir mi tercer mundial aquí...)
Hoy hemos decidido ver el partido de Alemania contra Algeria en casa, porque el partido era tarde y vivimos en el culo del mundo. Marcel, Anne y yo, los tres fijos de los lunes de Juego de Tronos. Bueno, ahora reconvertidos en lunes de pelis. Anne y Marcel se han estado quejando todo el rato de los comentarios iluminados del ¿periodista?, y yo me unía a ellos de vez en cuando (porque, por fin, ha llegado el momento en el que me entero de lo que está contando, aunque casi era mejor cuando no lo hacía...). En un momento dado, el comentarista ha dicho lo siguiente: "—Entramos en el minuto 80 del partido. ¡Quién lo iba a decir!". Marcel y Anne han comenzado a burlarse de la sagacidad del periodista mientras yo le echaba un vistazo rápido al marcador. 79:17. Y he decidido unirme a las quejas:
—Encima aún no hemos llegado al minuto 80...
—¿Cómo que no? ¡Claro que sí!
—Como que no... Es el minuto 79...
—Pero están jugando el octogésimo minuto.
Podíamos haber seguido así ad infinitum, porque Marcel y yo somos así de cabezones. Pero para qué. Ellos utilizan el cómputo inclusivo y nosotros no. Así de fácil. De lo que no estoy segura es de si lo utilizan para más cosas o no. ¡Me tocará preguntarle a todo alemán que me encuentre!

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