Llevo muuuucho tiempo sin aparecer por aquí, pero los dos meses antes de venirme para aquí fueron completamente horrorosos. Siempre he dicho que Berlín es, en cierto modo, mi lugar seguro y nunca antes había necesitado venir aquí a desintoxicarme tanto como ahora. Y en ello estoy :)
Puedo afirmar con toda seguridad que, por fin, he conseguido salir de ese bucle de odio, ponzoña, autodestrucción e infelicidad. La sonrisa vuelve a ser permanente. Y de todo corazón.
Tengo mucha suerte. Tengo amigos aquí que se desviven por cuidarme. Hace frío, sí, y hay semanas en las que no veo el sol. Pero así, cuando sale, lo disfruto aún más. Vuelvo a quererme, a hacerme caso y a cuidarme. Vuelvo a ser mi máxima preocupación y mi máxima prioridad. ¡Hasta he conseguido tachar de mi lista el teñirme el pelo (o al menos, parte de él) de azul!
Obviamente, hay cosas no tan positivas. Puede ser algo duro el que anochezca tan temprano, sobre todo, los días nublados. El cerebro, a veces, no puede con tanto alemán y decide hacer huelga. Hay que aceptar la soledad, bailar un tango con ella y no dejar que te destruya. Muchas cosas sólo se pueden verbalizar en la lengua materna. Los abrazos cibernéticos sirven, aunque abrazar una almohada a veces tenga que bastar. El Skype está muy bien, aunque a veces el vacío que queda después sea completamente espantoso.
Poco a poco... Ya tengo mis rutinas, ya me siento como en casa. Tengo interiorizado de una vez que ahora estoy viviendo aquí. ¿Lo mejor de todo? Que no sé por cuánto tiempo... De momento, seguiré sonriendo de vuelta a esta ciudad que siempre me acoge con los brazos abiertos :)
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